Este modelo innovador tiene su origen en Islandia (su nombre significa «casa de los niños») y permite ofrecer un entorno seguro para los niños y niñas, y una atención coordinada de todas las personas profesionales que intervienen en cada caso, de manera que se estudie e intervenga en los casos de abuso sexual sin producir la revictimización de los niños y niñas, obteniendo las máximas garantías en la evaluación para que pueda hacerse justicia en cada caso