Detrás de cada historia difícil hay un corazón esperando una oportunidad

Gabriel Arroyo, testimonio de transformación desde el Proyecto Rondó en el 26º Encuentro Anual de la Fundación Don Bosco

por | 10 Jun 2025, 10:00 am

Imagen detalle del 26º Encuentro Anual de la Fundación Don Bosco | Fundación Don Bosco

En medio de los muros de una prisión, donde muchas veces reina el silencio, el miedo y la soledad, también puede florecer la esperanza. Así lo cuenta Gabriel Arroyo, joven participante del Proyecto Rondó de la Fundación Don Bosco en el Centro Penitenciario de Jaén, cuya historia es una muestra viva del poder del acompañamiento, la fe y la confianza en la posibilidad de cambio.

“Mi paso por prisión fue una experiencia muy dura, pero también profundamente transformadora”, comienza Gabriel, con la serenidad de quien ha atravesado una tormenta y ha aprendido a mirar el horizonte. Al principio, se sentía perdido, lleno de rabia y miedo, pero pronto algo cambió: “Allí conocí personas que me mostraron otra forma de mirar la vida. El sistema preventivo de Don Bosco me ayudó a entender que no somos lo que hicimos, sino lo que decidimos ser a partir de ahora”.

Esa mirada cargada de esperanza, que Don Bosco enseñó en Turín hace más de un siglo, sigue viva hoy en cada gesto, cada propuesta y cada presencia del Proyecto Rondó. Para Gabriel, “fue una tabla de salvación. Me ofreció apoyo real, pero sobre todo, me dio confianza. Me sentí acompañado, no juzgado”. Rondó encarna, como él mismo dice, el sistema preventivo con hechos: presencia, cariño y propuestas concretas.

 

Un servicio que transforma: capellanía y Camino de Santiago

Durante su internamiento, Gabriel también tuvo la oportunidad de servir como auxiliar de capellanía, una labor que lo marcó profundamente. “Me permitió estar cerca de otros internos desde otro lugar, compartir palabras de aliento, escucharlos, rezar juntos… Me ayudó a descubrir que todos llevamos heridas, pero también todos tenemos luz”, comparte con emoción.

Esa luz la volvió a encontrar de forma intensa en el Camino de Santiago, una experiencia que califica como profundamente sanadora: “Cada paso fue como un acto de reconciliación conmigo mismo, con Dios y con la vida. Allí vi a personas sin piernas, arrastrándose por el suelo, felices, sin quejas. Aprendí que siempre habrá alguien en un momento o lugar peor que yo”.

 

Salir… sin estar solo

El regreso a la libertad fue un desafío, pero no lo vivió en soledad. “Salir fue un salto al vacío, pero no lo hice solo. Gracias al acompañamiento de Rondó y de la comunidad salesiana, no me sentí abandonado”, afirma. Y recuerda con fuerza una frase de Don Bosco que le acompaña: “¿Quién sabe si estos jóvenes tuvieran fuera un amigo…?”.

Ese amigo, en su caso, fue el proyecto, y fueron también las personas con nombres propios que caminaron a su lado: Maricarmen, Pilar, Luis, Pepe, Antonia… y toda una comunidad que no solo lo escuchó, sino que se encarnó en su historia.

 

Un paso más: compartir su testimonio en Málaga

Ya en libertad, Gabriel ha comenzado también a compartir su historia con otras personas, llevando su testimonio como una semilla de esperanza. Uno de esos momentos clave fue su participación en el 26º Encuentro Anual de la Fundación Don Bosco, celebrado los días 3 y 4 de junio en Málaga. Allí, rodeado de educadores, profesionales, jóvenes y colaboradores de Andalucía, Canarias y Extremadura, Gabriel ofreció un mensaje profundamente humano y valiente: el de quien ha caído, pero también ha elegido levantarse. Su voz, firme y emocionada, dejó huella: “Si logramos que los jóvenes se sientan amados, podemos cambiar vidas. Yo soy prueba de ello”.

 

Una carta con alma

En una carta de agradecimiento escrita de su puño y letra, Gabriel confiesa con el corazón en la mano:

“Gracias por mirar más allá de mi pasado y deteneros en mi persona, en mis silencios, en mis heridas… y también en mis ganas de seguir adelante. No me sentí un proyecto, sino un hermano”.

Cada conversación, cada gesto, fue un espejo donde pudo verse digno y capaz. “En medio de los muros, vosotros fuisteis ventanas”, concluye con palabras que conmueven.

 

Una vida nueva, un mensaje claro

Cuando se le pregunta qué ha supuesto en su vida el paso por prisión, Gabriel es claro:
“La cárcel me quebró, pero también me despertó. Me obligó a mirarme de frente y a elegir: quedarme en la oscuridad o buscar la luz. Elegí la luz”.

Y a la sociedad le lanza un mensaje directo, que nace de la experiencia: “No se rindan con nadie. Detrás de cada historia difícil hay un corazón esperando una oportunidad. Como decía Don Bosco: ‘No basta amar a los jóvenes, es necesario que ellos se sientan amados’.”

 

Sobre el Proyecto Rondó

El Proyecto Rondó es una iniciativa de la Fundación Don Bosco que acompaña a jóvenes privados de libertad en su proceso de reconstrucción personal, ofreciéndoles orientación, formación, escucha y, sobre todo, una presencia educativa comprometida que cree en la transformación.

Porque como decía Don Bosco, “la educación es cosa del corazón”. Y desde el corazón, sigue latiendo la esperanza de muchas historias que aún están por escribirse.

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