La actividad, enmarcada dentro del modelo de Aprendizaje-Servicio (APS), se centró en una de las competencias clave del módulo formativo: el montaje y organización de eventos. Pero lo que comenzó como un ejercicio práctico terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo.
La Residencia de Mayores El Prado fue el escenario. Allí, el alumnado planificó, organizó y dinamizó un evento especial con motivo del Carnaval, aplicando todo lo aprendido: distribución de espacios, ambientación, decoración y coordinación de actividades. Profesionalidad en acción. Formación con propósito.
El resultado fue un taller de manualidades lleno de color y complicidad. Gafas imposibles, antifaces brillantes y diademas carnavalescas tomaron forma entre risas compartidas. Residentes y jóvenes trabajaron codo con codo, mezclando historias de vida con ilusión presente. Las manos creaban, pero también tejían vínculos.
Este tipo de iniciativas reflejan el compromiso de la Fundación Don Bosco en Mérida con una formación integral que va más allá de lo técnico. No se trata solo de adquirir competencias profesionales, sino de comprender que cada habilidad puede ponerse al servicio de los demás. Que el aprendizaje cobra sentido cuando impacta en la comunidad.
En un día que pudo ser simplemente festivo, se construyó algo más duradero: respeto intergeneracional, autoestima profesional y la certeza de que la educación transforma cuando sale al encuentro.
Porque cuando el aprendizaje se convierte en servicio, el Carnaval deja de ser una fecha en el calendario y se convierte en experiencia que deja huella.